jueves, 1 de mayo de 2014

Noche de mayo y de magnolias.
La luna inventa un pueblo blanco en las colinas.
Van a venir, de nuevo, Gerardo y Elena.
Por eso puse una magnolia en el vaso y estoy quebrando avellanas.
Ellos vendrán por el camino largo, el camino de los robles. De lejos, tomarán el camino de los robles. Mis perros son como lobos. Aúllan. Les aullarán como lobos.
-¿Han oído lobos?
-Sí; para el lado de las colinas.
-Pero, ya está la luna en las colinas.
Ellos ocuparán el banco de ciprés, frente a mí. Yo pondré en el fuego, a platearse, un pastel de azúcar y avellanas.
Entonces, parará el viento. El viento que embruja los robles y desembruja los magnolios. Y empezará la lluvia, sin rumor, blanca. Empezará la nieve.

Yo diré que no hay nieve tan blanca como la de mayo.
Y la mirada de Gerardo, fría y azul, caerá sobre mí.
Y yo volveré a decir que no hay nieve tan blanca como la de mayo.
Y el fuego será ancho y de todos colores. Azul, verde, granate y de todos colores.
Los perros ladrarán al fuego; querrán jugar con los colores.
Yo partiré el pastel, ya plateado, de avellanas y azúcar. Y a los perros también, partiré avellanas y azúcar. Pero el fuego irá alto, y los perros querrán jugar con los colores.
Afuera, caerá nieve sobre la nieve.

Elena me pedirá una historia.
Yo sé historias. Del tiempo de los abuelos. Del tiempo en que la casa era más grande y tenía tres chimeneas rojas. Del tiempo en que el bosque era más grande, y los lobos llegaban aullando hasta la casa.
La mirada de Gerardo, fría y azul, estará fija en mí.
Pero, yo diré que no me gusta contar historias; que no me gusta hablar.
Afuera caerá nieve, nieve.
Pasará un tiempo largo, liviano, blanco, un tiempo como de nieve.
Y el reloj que era de los abuelos contará una hora que yo no podré contar. Pero Gerardo dirá que es muy tarde.
Entonces, yo sacaré la magnolia del vaso para Elena.
Los perros en el umbral volverán a aullar. Otra vez, les aullarán como lobos, los perros en el umbral.
Y ya no habrá ningún camino, ningún camino.
Sólo nieve, nieve, sobre la nieve.
Y ellos se irán igual, por la nieve.
Corté una magnolia y estoy quebrando avellanas porque van a venir, de nuevo, Gerardo y Elena.


Marosa di Giorgio


Poemas, Los papeles salvajes.




sábado, 9 de noviembre de 2013

Esta idea de que podemos flotar
con un sentido a nuestro alrededor
y que podamos hablar
con cerillos y pesares

no sé si podemos decir
los ojos de alguien son pavorosos
¿por qué lo diríamos?

qué extraño es

estos tenis súper cool que levantan el polvo
estos cascos Nike Adidas Mundial en la cabeza
de muchachos que matan con fusiles de blancos
que encienden Camel, Gitanes, Lucky Strike

y nada de ficción y nada de ficción

qué extraño es
todo este dinero
esas manos de niñas puestas allí así
realmente todos estos olores
los vientres pequeños, los grandes, los músculos
de los clientes
tantas dolencias a la altura del sexo
qué de todo este dinero, ¿cuánto? ¿Tanto?

qué extraño es

ese viejo faná fanamolah fanapapal
fanático que presume
de hablar todas las lenguas de la tierra
para que ni una muchacha salga
de las garras de dios sin la ayuda del viejo
faná fanamolah fanapapal

qué extraño es

este conejo verde, esta gente desnuda, esta perra
esta oveja, este huevo, esta rata
esta costumbre de lo vivo
que no quiere dejarnos

qué extraño es

el celular, los lentes del tipo a la moda
el cráneo del investigador inclinado sobre nuestros genes,
todo este ejército que va y viene en zigzag
por el calendarioqué extraño es
este banco de hielo a la deriva
el color del agua, el precio del bebé

dame un cerillo

es extraño
el olor del puerco y del petróleo
el olor del verano en vapores
los árboles hermosos el follaje
el olor de los gatos de algalia, el olor de los pollos

qué extraño es mi pulgar con tinta negra
que pronto será una letra carbonizada
en mi pasaporte
y el iris que prueba que yo soy yo
y no tú y tal vez ya nadie

qué extraño es

esa cámara allá
ésta, no aquella, arriba
abajo de la escalera
atrás de ti, delante de mí
dame un cerillo

Sí, es extraño

los nanosegundos en nuestros pensamientos
las cifras, las direcciones, los nombres
el sentido de las palabras que cambian
atraviesan nuestras heridas
como un vértigo en lo horizontal

dilo qué extraño es
la ternura
la ira que dobla las rosas a su paso
el bien el mal en la superficie
el olor de las lilas, las caricias
la noche que nos sorprende
como en un número de circo
con grandes silencios y maquillaje

es extraño
cómo en el mundo las mujeres lloran
sin sacar su fusil
no sé cómo
decirlo: el mundo ha sido incendiado
mil veces entre nuestras manos
y sin embargo dame dame
un cerillo más

porque es extraño el cariz que toma este pesar
más fuerte que la aurora en el smog
y nosotros
del otro lado del viento reteniendo el aliento
entre las heridas y las cicatrices

qué extraño es

el ruido de las explosiones en los cafés
la cantidad de mártires
de analfabetas
de bebedores de cerveza y de té
la cantidad de muertos mi amor es extraño
dos mujeres que se aman en el ángulo
del placer loco es extraño el placer
la cantidad de estaciones que disminuye
el futuro que se estrecha en el silencio
como si soñáramos con un ardor
sin nombre
para tocar a la puerta de la historia
en plena crisis de esperanza

es tan extraño
este tráfico de seres y animales
los rostros, los cuernos, las prohibiciones
los sexos

qué extraño es
cuando para evitar lo peor
el alma deja que se multipliquen las espinas
en los callejones, los bares
los museos y los jardines
es extraño cómo
dices querer volver a empezar
a plegar desde dentro
el planeta para que haya
aire en las traducciones,
que aumente la pasión

qué extraño es cuando
me dices sal de tu soledad
y yo no oigo nada
los ojos fijos en la noche

dame un cerillo
está oscuro en nuestra humanidad.

Nicole Brossard

lunes, 21 de octubre de 2013

Nos dejan dormir,
dan pasos silenciosos
a nuestro alrededor
preparando las valijas,
el trabajoso inicio
de un viaje familiar
o el regreso
después de haber cumplido.
Una vez más
se levantaron sin dudar
y ahora mueven cosas
en plena madrugada.
El diálogo incesante
amortiguado se detiene
cada tanto en un acuerdo,
corren un cierre traban
las presillas.
No pueden evitar
que se oiga el ruido
del nylon con que envuelven
frascos y zapatos
para que el resto
del equipaje no se ensucie.
Uno de nosotros se queja
y se da vuelta
ovillándose en el sueño,
pero enseguida
una voz dice
dormí
es temprano todavía.


Claudia Prado

miércoles, 6 de marzo de 2013

En el año 1943
en eritrea
a un costado del siglo
Virginia y yo hablábamos de un muchacho
que conocía el lenguaje de las flores
entre nubes de mosquitos
bajo un calor sofocante.
Ambos creíamos firmemente en los baobabs y las caricias
y no teníamos nada que ver con esa guerra.
Pero al llegar a Nueva York
Virginia se compró un sombrero
yo una motocicleta
y el muchacho de quien hablábamos, no sé
olvidó el lenguaje de las flores.


Néstor Perlongher


sábado, 4 de agosto de 2012



No, yo no voy en este cuerpo que me lleva, ni toco en el agua un elemento que fluye y se estanca hasta morir. A quien ves, cuando me miras, es aquel rostro que te doy por miedo jamás ver tu calavera que finge ojos verdes, húmedos lentos sobre tu boca que recita letanías entre incienso y campanas que están en mí. Oigo tu voz idéntica en vos, ajena a mi memoria que te quiere inmóvil. Si me siguieras, si llegaras a mi cristal. En su casa de Fulgores, ¿quién podría decir: yo, me siento el yo de mi rostro para vos? Estaría en vos y hablaría a aquel mi cuerpo que cree poseerme. Terrible si alguna de tus almas, huyendo de la eternidad que nos persigue en la infinita repetición, no siente la ausencia, la ausencia del viento y el sonido caer en cuerpos imaginarios, muertos y errantes en la noche inmortal.
Si alguien me preguntara qué soy; porque ciertas sombras marean; le diría: no soy todo, ni nada, ni algo. Con mi cristal soy el planeta que te lleva por mares a tierras de oro y rapiña y el horizonte te lo doy yo.
Miguel Angel Bustos
(frag. El Himalaya o la moral de los pájaros)

domingo, 27 de noviembre de 2011

multitudinous seas incarnadine el oceáno oquedad y ronquedad la
proa abriendo un surco la popa dejando un surco como una labranza
de lázuli una cicatriz contínua en la pulpa violeta del océano
abriéndose como una vulva violeta la vulva turbia violeta del océano
oinopa ponton color vino o color herrumbre conforme el sol
batiendo el reflujo de espumas el mar multitudinario mirruñas
migajas harina de agua salina en la punta de las maretas desmenuzando
al viento iris nuntia junonis cambiando sus plumas mas el mar mas la
espuma mas lo espúmeo mas la plumaespuma del mar recomenzado
y recomenzando el tiempo abolido en el verde vario en el acuario
ecuóreo el verde florea como un árbol de verde y se ve es añil es
cárdeno es púrpura es yodo es de nuevo verde glauco verdemar
infestado de azules y súlfur y perla y púrpur mas el mar mas el mar
polifuente enzafirándose la turquesa abriéndose dehiscente como un
fruto que abre y se pudre en moradoamarillo pus de zumo y pulpa y
grumo y gomo y miel y hiel mas el mar después del mar después del
mar el mar aún poliglauco polifosfóreo nocturno ahora bajo estrellas
extremas pero liso y negro como una piel de fiera un satén de fiera un
terso de pantera el mar polipantera torciendo músculos lúbricos bajo
estrellas trémulas el mar como un libro riguroso y gratuito como este
libro donde él es absoluto de azul ese libro que se hojea y deshoja que
se dobla y se desdobla sobre él pli selon pli pielcontrapiel el mar
poliestentóreo también océano marocéano soplando espondeos
homéricos como una verde vejiga de plástico inflada de pis el mar
celor de orín sucio de sajaduras y de soldaduras de oxidaduras y
negreguras el marmareado el agua gorda del mar placenta plácida
empollando al sol el celoso océano calenturando al sol solaz del mar
mas ahora más aurora y lo liso se deshebra bajo vetas vino la hora
polifluye en el azul verde y discurre y recurre y recorre y entrecorre
como un libro yéndose poliyéndose leído bajo la primera tinta de la
aurora ahora el rosíceo rozar rosa de la dedirrósea ahora aurora pues
el mar se remora se remoza en la hora en el paraje de la hora y de
nuevo recoge su zafra de verdes como si aguas fueran leguas y su siega
de azules como si uno fuese plus fuese dos fuese tres fuese mil verdes
veces verde ved azul mas el mar revierte mas el mar se vierte mas el
mar se convierte en el abierto de un libro abierto y ese abierto es el
libro que al mar revierte y el mar se es pues de mar se trata del mar
que bate su nata de hilachas si yo te dijera que el mar empieza tú
dirás que el mar cesa si yo te dijera que avanza me dirás que se cansa
si yo te dijera que él vocabla me dirás que se encalla y todo será el mar
y nada será el mar el mar mismísimo abierto detrás de la popa como
una fruta roja una vulva floja en su miel de orgasmo en su mal de
espasmo el mar gargolero y gargareo gorjeando gárrulo ese mar ese
marlibro ese libromar marcado y vario y marchito y flóreo
multitudinoso mar púrpureo marejado mar lazúleo y mas y pues y
después y ahora y a eshoras y antaño y hogaño y al ras y además
maretando maralzando marlunando marsonando marsoplando
polúphloibos


Haroldo de Campos (Brasil, 1929-2003)

viernes, 3 de junio de 2011

Mundo llegó a mi boca, como una red espesa de frutillas. Hubiera querido despedirme. Incendiar todo lo que dejaba entonces. En lágrimas abiertas con llaves de amaranto, como si el desatino fuera conspiración, danzar inagotable, soterrado desvelo, un archipiélago trizado y escondido.
Yo iba lamiendo azufre de los montes. Mi desvarío, era morada cripta pegajosa, ramos de austeridad y sobresalto, sol que gozaba sobre frondosos párpados de arena.
Luego vendrían los arrebatos de la lluvia. Las confidencias. Luctuosos vestidos de entre casa, tapando hacia mis ojos los crespones. Regresados de un faro. En el transmundo de un abrazo desecho de cumplidos

De maleficios para el placer, alevosamente desangrado.


María Meleck Vivanco

martes, 3 de mayo de 2011

A punto de
partir, ya sé
que nuestros ojos
sonreían para siempre
en la distancia.
¿Parece poco?
Suelo de sal gruesa y oro que se raja.
A punto de partir, ya sé que
nuestros ojos sonríen en la distancia.
Lentes oscurísimas bajo los pilares.

Ana Cristina Cesar

lunes, 2 de agosto de 2010


Los leones rondaban la casa.
Los leones siempre rondaron.
Siempre se dijo que los leones rondaron siempre.
Parecían salir de los paraísos y el rosal.
Los leones eran sucios y dorados.
Ellos eran muy bellos.
Los ojos como perlas. Y un broche brillante en el pecho
entre aquel pelo áureo.
Los leones entraron a la casa.
Corrimos a esconder los floreros de sal, de azúcar, el cometa
Halley, las queridísimas sábanas nevadas, la
colección
estampillas. Y a traer los sudarios.
Los leones eran al mismo tiempo, presentes e invisibles, al
mismo tiempo, visibles e invisibles.
Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel
y la carne que cortaban.
Llevaron hacia afuera a la abuela oscura, la que tenía una
guía de rositas alrededor del corazón.
Y la comieron fríamente. Como en un simulacro.
Y -como si hubiese sido un simulacro!- ella tornó a la
casa y dijo: -Los leones rondaron siempre. Están delante
de los paraísos y el rosal. Dijo: -Los leones están acá.



De "Mesa de esmeralda" 1985
Marosa Di Giorgio

lunes, 26 de abril de 2010




… o donde el lugar se presentara, allí, sin demagogia, en medio de la muchedumbre, a la lumbre,
sin demagogia, ocurrencias, escaramuzas, sin componendas, prendados,
todo aquello, todo aquello que el tiempo ha guardado, preservando con sacrificio, escaramuzas, ocurrencias, el sesgo, todo aquello, todo aquello,
sin demagogia, sin componendas, todo aquello que el tiempo nos dio
donde el lugar se presentara, allí, aquí,
lo inesperado
en medio de la muchedumbre, a la lumbre, sin demagogia, sin componendas, donde
el lugar se presenta, todo aquello, todo aquello,
escaramuzas, ocurrencias,
el sesgo, la
cremosa guinda, la dulce breva, prendados, prendados, todo aquello que el tiempo guardó, preservó con sacrificio,
lo inesperado,
en medio de la muchedumbre, a la lumbre, cuando el lugar
se presentara,
sin demagogia, sin componendas, escaramuzas, ocurrencias, el sesgo,
prendados, prendados,
y ahora de ese tiempo desprendidos
en este cuarto:
dos siluetas de sombra
girando y girando
en la pared.

… cuando el lugar se presentara pero, también, cuando el lugar buscábamos, todo aquello, todo aquello, el lugar buscado y encontrado, la ocasión, el sesgo, lo calvo, lo pintado,
el lugar donde el tiempo nos daba
su refugio,
ese refugio, en vez, no en medio de
la muchedumbre, en vez, refugiados en el lugar
buscado y encontrado, todo aquello, todo aquello, refugiándonos
en la ocasión buscada, no a la lumbre,
todo aquello, lo pintado, lo calvo,
“aquí, aquí
Una penumbra”

… pero, también, aún en las tinieblas
escondidos, la muchedumbre de los niños mártires,
también, aún,
sin demagogia, sin componendas,
el escupitajo
del mendigo, el poste blanco, lo que el tiempo nos dio
con repetidos movimientos repentinos, en
cuerpo y alma, el sesgo, el ritmo en
las tinieblas, aún, los niños mártires, el mendigo,
todo aquello, todo aquello,
demasiado, demasiado, demasiado:
cierro los ojos.

… o a la luz lunar, el Polo Norte,
el hielo proyectado, la cremosa guinda, la dulce breva,
orándome tú a mí y yo a ti, prendidos,
con fuego de Pentecostés en la cabeza, fuego
del Espíritu Oral, todo aquello,
todo aquello, sin demagogia, sin componendas,
orándonos en la penumbra, tú
a mí y yo a ti, todo aquello,
todo aquello que el tiempo preservó, guardó
con sacrificio, lo inesperado,
el Espíritu Oral, la cremosa
guinda, la dulce
breva,
la luz lunar, el Polo Norte, el hielo
proyectado
avanzando sobre nuestro fuego
sin poderlo apagar.

… o ebrios bajo el árbol ebrio, sonreídos,
todo aquello, todo aquello, en nuestro banco, el
poste blanco, los niños mártires, el escupitajo
del mendigo,
en las tinieblas ebrios, sin
demagogia, sin componendas, en nuestro banco,
sonreídos,
todo aquello, todo aquello, que el tiempo
nos dio y guardó y preservó
con sacrificio, prendados en
nuestro banco, ebrios bajo el árbol ebrio, el poste
blanco, el escupitajo del mendigo, los niños mártires,
al ritmo, al ritmo, al ritmo,
prendados
bajo el árbol ebrio, prendados, ebrios, idos,
sonreídos.

… todo aquello, todo aquello
que el tiempo guardó, preservó con sacrificio,
las vendas en los ojos, el Palacio, la gran
puerta, los pasillos apenas a la lumbre, los ujieres, las alas
en los pies, los vericuetos, todo aquello, todo aquello,
el Tribunal,
y nosotros así y todo, aún, asumiendo nuestra
defensa, las escaramuzas, las ocurrencias, el sesgo, la
cremosa guinda, la dulce breva,
sin demagogia, sin componendas, así y todo, así y todo,
los jurados elegidos al pasar, apenas a la lumbre,
aquello, todo aquello,
el Tribunal,
el sesgo, la sentencia, el veredicto,
la condena perpetua
a recordar.


Leónidas Lamborghini
(canto de amor)

jueves, 5 de noviembre de 2009

La noche que
Vi llover arroz
Sobre el río Yang Tze
Amanecí en Giverny
Dafnis sin Cloé
Alfredo Prior

martes, 28 de julio de 2009


HE PENSADO QUE ALGUN DIA ME LLEVARIAS A UN LUGAR HABITADO POR UNA ARAÑA DEL TAMAÑO DE UN HOMBRE Y QUE PASARIAMOS TODA LA VIDA MIRANDOLA ATERRADOS.

martes, 16 de junio de 2009


Potencia del sentido,


supremacía de la calidad.


Usted interpreta una obra. Diez mil sentidos están encima de cada frase, de cada palabra, de la menor entonación.


Añada entonaciones similares, cultive todas las posibles y verá usted lo que puede salir de ahí.


Observe mi cabeza, a mi que estoy hablando.


Todo el interés de lo que digo parecería estar en mi discurso, error, en el menor gesto de los músculos de mi rostro, puedo crearle mundos de imágenes, instantáneas, abandonándome simplemente a todas las modulaciones de mi deseo interior, de mi apetito de vivir, modelando sus sensaciones.


Vean.


artaud